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viernes 11 de septiembre de 2026

Sociedad

Transgénicos: ¿Una elección segura en tu mesa?

Los alimentos genéticamente modificados están por todas partes, pero ¿realmente son seguros para nuestra salud? Vamos a desmenuzar los pros y contras de estos productos que invaden los supermercados.

Por Camila Veizaga · 5 de agosto de 2026

Un agricultor trabaja bajo el abrasador sol, cosechando apio que luego se venderá en el mercado local. Sin embargo, al llegar la noche, empieza a notar la aparición de pústulas rojas en sus brazos, provocadas por un compuesto químico inesperado de la planta. Este apio, diseñado para ser resistente a enfermedades, demuestra que no todo lo que brilla es oro.

Los métodos tradicionales de mejoramiento genético generalmente no representan un riesgo para la salud, pero los críticos de la biotecnología advierten sobre las sorpresas que podrían acarrear los alimentos modificados genéticamente (GM). En Estados Unidos, por ejemplo, se estima que un 60% de los productos alimenticios procesados en supermercados contienen ingredientes GM, como la soya, el maíz y la canola.

Los detractores de los transgénicos levantan preocupaciones serias. Las proteínas generadas por genes de origen externo podrían ser tóxicas o alterar la calidad nutricional de los alimentos. Además, existe el riesgo de que estas plantas desarrollen niveles peligrosos de compuestos naturales nocivos o que produzcan proteínas que desencadenen alergias.

Recordando un caso famoso de hace más de dos décadas, el maíz Star Link fue modificado para generar una proteína insecticida, pero esto generó alertas sobre su potencial alérgico, lo que llevó a que se prohibiera su uso en productos para humanos, a pesar de que los reguladores no habían encontrado reacciones alérgicas claras.

Los defensores de los transgénicos argumentan que, al seleccionar cuidadosamente los genes, el proceso es más seguro que el de los híbridos tradicionales, que involucran miles de genes a la vez. Además, los cultivos modificados pueden disminuir la necesidad de pesticidas, lo que a su vez podría resultar en menor exposición química para los humanos.

Los investigadores aseguran que todos los cultivos GM pasan por rigurosas pruebas de seguridad antes de ser aprobados para el mercado. Aunque la mayoría de los estudios provienen de las propias empresas, que deben demostrar que cumplen con los estándares de seguridad, las investigaciones son un paso necesario y regulado.

A la hora de evaluar su seguridad, las empresas comparan los cultivos genéticamente modificados con sus contrapartes tradicionales para detectar cualquier cambio significativo en su composición. Si las diferencias son mínimas y los resultados son tranquilizadores, se llevan a cabo pruebas adicionales para asegurar que no haya toxicidad ni potencial alérgico.

Por último, se analiza la procedencia de las proteínas; no se permitirá que un gen de maní se introduzca en una fresa, asegurando así que los alimentos sean seguros para el consumo. A pesar de las críticas, el debate sobre los transgénicos sigue en el aire y los consumidores deben estar informados.