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viernes 11 de septiembre de 2026

Sociedad

¿Te suena el ayuno de dopamina? Aquí te contamos cómo puede resetear tu mente

Por Ximena Delgadillo · 29 de julio de 2026

El cerebro tiene una peculiaridad: asocia lo que le calma con ciertas actividades, y no siempre son las más saludables. A menudo, en momentos de tristeza o ansiedad, las personas optan por hábitos como revisar redes sociales, picar algo dulce o incluso encender un cigarrillo. Aunque estas acciones pueden parecer un alivio momentáneo, pueden desencadenar un ciclo complicado que afecta tanto la mente como el cuerpo.

La psiquiatra española Mariam Rojas Estapé explica que el cerebro busca de manera instintiva lo que le ofrece consuelo, como la comida azucarada o el uso excesivo de dispositivos. Cuando la ansiedad aparece, el cerebro se siente inclinado a repetir estas acciones, sin considerar sus efectos a largo plazo. El problema radica en que muchas de estas actividades provocan la liberación de dopamina, el neurotransmisor que activa nuestro sistema de recompensa.

Aunque muchos piensan que la dopamina es la "hormona de la felicidad", en realidad, es más como un motor que nos impulsa a repetir lo que creemos que nos hace sentir bien. Sin embargo, esta búsqueda de placer inmediato puede llevar a la dependencia. Después de una gratificación intensa, suele haber un bajón que deja una sensación de vacío, lo que nos lleva a buscar nuevamente esa fuente de satisfacción, creando así un ciclo difícil de romper.

El cerebro se adapta a estos altos niveles de estimulación. Así, lo que antes parecía placentero, como hablar con un amigo o disfrutar de un buen libro, se vuelve menos satisfactorio, generando una necesidad de estímulos cada vez más intensos. Esto explica por qué muchos sienten la urgencia de revisar su celular constantemente o de participar en actividades que al principio eran inofensivas.

Para combatir esta situación, Rojas propone un enfoque conocido como "ayuno de dopamina", que no implica eliminar la dopamina totalmente, sino moderar las actividades que generan una sobreestimulación. El primer paso es ser honesto contigo mismo y reconocer qué hábitos están sirviendo como escape ante emociones negativas, ya sea la comida, las redes sociales o el alcohol.

Durante las primeras cuatro semanas de esta práctica, muchos experimentan cambios significativos al reducir la sobreexposición a estímulos. Con el tiempo, las actividades sencillas comienzan a ser gratificantes nuevamente, y la necesidad de buscar recompensas rápidas disminuye. Aunque al principio puede haber irritabilidad y aburrimiento, esto forma parte del proceso de adaptación.

Sustituir hábitos dañinos por actividades más saludables puede facilitar este proceso. En vez de llenar esos momentos libres con más pantallas, sería ideal optar por el ejercicio, leer, meditar o simplemente disfrutar del aire libre. Aunque no ofrecen el mismo impacto instantáneo, estas actividades promueven un bienestar más duradero.

Un mensaje clave de Rojas es que muchos han perdido la capacidad de tolerar emociones difíciles. En un mundo donde todo está a un clic de distancia, lidiar con la frustración o el aburrimiento se vuelve complicado. Aceptar estas emociones sin buscar recompensas inmediatas no solo mejora la regulación emocional, sino que también fortalece la resiliencia.

Con el tiempo, al encontrar bienestar en momentos simples como el descanso, las relaciones personales o la conexión con la naturaleza, el cerebro empezará a memorizar estas experiencias saludables. Así, estas pueden convertirse en las nuevas respuestas automáticas frente al estrés, ayudando a equilibrar la mente y disminuir la dependencia de recompensas poco saludables.