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viernes 11 de septiembre de 2026

Sociedad

Reflexiones de un viajero del tiempo

Los años vuelan y con ellos llegan lecciones sobre la vida, la amistad y el amor. Un adulto mayor comparte su sabiduría a los 91 años, recordándonos lo valioso que es el tiempo que vivimos.

Por Andrea Claros · 31 de julio de 2026

A veces parece que el tiempo pasa volando, y de pronto nos encontramos reflexionando sobre cuánto hemos vivido. A los 91 años, he llegado a entender que la muerte, lejos de ser un tema aterrador, es una compañera silenciosa que nos recuerda que cada segundo cuenta. Valoramos el tiempo de forma diferente cuando nos damos cuenta de que no es infinito.

Cuando conté mis años, me di cuenta de que el tiempo que me queda es menos del que ya he vivido. Esta revelación, aunque simple, tuvo un peso profundo en mi vida. Me hizo recordar a un niño que disfrutaba de sus golosinas sin prestarles atención porque pensaba que tendría muchas más. Pero cuando las golosinas se acabaron, empezó a saborearlas con cada bocado. Así es la vida: muchas veces la dejamos pasar sin valorarla hasta que se nos acaba.

He aprendido a ser menos tolerante con cosas que antes me parecían triviales. Las reuniones eternas llenas de charlas vacías ya no son para mí. Me he dado cuenta de que la verdadera amistad va más allá de la posición social o del dinero; lo que importa son los compañeros que se quedan cuando el ruido y la fortuna se desvanecen.

La edad no siempre trae consigo la madurez. Hay quienes, a pesar de los años, permanecen en un mismo lugar. Prefiero rodearme de personas auténticas, de aquellos que saben reír y que son responsables, que se atreven a defender la verdad aunque sea incómoda. He aprendido que la verdadera generosidad proviene del corazón y no de lo material.

El amor ocupa un lugar especial en mis reflexiones. Algunos amores son únicos y dejan una huella imborrable. Amar de verdad implica entregarse sin condiciones, acompañar al otro en los buenos y malos momentos. La conexión genuina no se basa en lo que se posee, sino en lo que se comparte.

Al mirar hacia atrás, me siento agradecido. He vivido plenamente: formé una familia, vi crecer a mis hijos y ahora disfruto de mis nietos y bisnietos. He recorrido el mundo y ocupado roles significativos en la aviación. Sin embargo, los verdaderos logros no están en un currículum, sino en las relaciones que hemos cultivado y en la paz de una conciencia tranquila.

Mi mayor anhelo en esta etapa es llegar al final del camino en paz, sabiendo que actué según mis principios y que el legado que dejo a mi familia es moral, no material. Al fin y al cabo, los títulos y reconocimientos pierden su valor; lo que realmente perdura es la manera en que vivimos y la huella que dejamos en quienes nos rodean.

Te dejo una pregunta: ¿cuántos años crees que te quedan por vivir? Solo Dios lo sabe. Pero quizás la verdadera pregunta sea qué estás haciendo con el tiempo que tienes. El pasado ya no podemos cambiarlo; lo único que realmente poseemos es el tiempo que aún nos espera, y ese tiempo, ya sea mucho o poco, merece ser vivido con autenticidad y gratitud.