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viernes 11 de septiembre de 2026

Tecnología

Los minicerebros humanos logran sobrevivir hasta seis años en laboratorio

Investigadores de Harvard revolucionan la neuromedicina al mantener vivos organoides cerebrales durante casi seis años, abriendo nuevas posibilidades en el estudio del cerebro humano.

Por Andrea Claros · 19 de agosto de 2026

La investigación en medicina ha visto un gran avance con el desarrollo de los 'organoides', que son pequeñas réplicas tridimensionales de tejidos humanos creadas a partir de células madre pluripotentes. Estos organoides pueden replicar la estructura y función básica de los órganos, incluyendo el cerebro, el más complejo de todos.

A pesar de los avances, los organoides cerebrales enfrentaban un gran desafío: solo podían sobrevivir unos meses, a diferencia de un cerebro humano que tarda décadas en desarrollarse completamente. Esto limitaba la investigación sobre el desarrollo cerebral a las primeras etapas de la vida.

Recientemente, un equipo de científicos liderados por la bióloga Paola Arlotta de la Universidad de Harvard ha conseguido mantener vivos estos organoides cerebrales durante casi seis años. Este avance, publicado en la revista 'Nature', transformará el campo de la neurobiología.

El equipo de Arlotta desarrolló un método para cultivar estos tejidos en un fluido especial que aumentó su actividad, permitiendo así una evolución similar a la del cerebro humano durante su desarrollo temprano. Las neuronas de los organoides lograron crear conexiones sinápticas y se mantuvieron activas durante al menos dos años.

Para asegurarse de que estos resultados no eran un simple accidente, los investigadores realizaron un experimento innovador: crearon 'organoides quiméricos', combinando células más viejas con otras más jóvenes. Esto demostró que, aunque estaban en un entorno químico diferente, las células más viejas continuaron evolucionando como si estuvieran en su organoide original.

Las implicaciones de este descubrimiento son enormes. Hasta ahora, los modelos animales no podían replicar el desarrollo humano debido a su corto ciclo vital. Ahora, con estos organoides, se abre la puerta a investigar afecciones como el autismo en etapas más avanzadas de la vida.

El siguiente desafío para Arlotta y su equipo será incrementar la complejidad de estos modelos, simular trastornos genéticos y probar nuevas terapias, lo que podría cambiar nuestra comprensión sobre el desarrollo cerebral.