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viernes 11 de septiembre de 2026

Tecnología

¿Hasta dónde dejamos que los algoritmos decidan por nosotros?

Con la inteligencia artificial tomando un rol protagónico en nuestras decisiones diarias, surge la necesidad de reflexionar sobre cómo mantener nuestra autonomía en un mundo dominado por máquinas.

Por Camila Veizaga · 18 de agosto de 2026

Desde elegir qué película ver hasta encontrar la ruta más rápida o recibir sugerencias de compras, los algoritmos están presentes en nuestro día a día sin que lo notemos. Sin embargo, su papel se vuelve más complejo cuando entran en campos como la educación, la salud o el empleo, donde la pregunta crucial es: ¿hasta qué punto permitimos que las máquinas tomen decisiones por nosotros?

La inteligencia artificial (IA) tiene la capacidad de procesar grandes volúmenes de datos, identificar patrones y ofrecer recomendaciones en cuestión de segundos. Por ejemplo, en el ámbito educativo, puede identificar las áreas donde un estudiante tiene dificultades y adaptar el contenido para que aprenda a su propio ritmo. Según Marcelo Pacheco, director de Ingeniería de Sistemas de Unifranz, esto permite personalizar la enseñanza de manera que se ajuste al progreso individual de cada alumno.

Sin embargo, el peligro radica en no confundir la capacidad de procesar datos con la capacidad de tomar decisiones. Un algoritmo puede sugerir qué le falta a un estudiante, pero no entiende por qué puede haber perdido la motivación. Aunque puede detectar patrones en la salud de un paciente, la decisión médica también debe considerar la experiencia y el contexto del profesional de salud.

Mario Ariel Quispe, pedagogo de Unifranz, resalta que la IA debería ser vista como una herramienta que nos ayuda, no como una solución definitiva. Esta diferencia es vital, ya que una herramienta facilita el trabajo, mientras que depender completamente de la tecnología puede llevar a la pérdida de nuestra capacidad de razonamiento.

Un reto adicional es que los algoritmos son entrenados con datos que pueden contener sesgos o desigualdades. Verónica Ágreda, rectora de Unifranz, enfatiza que al desarrollar sistemas de IA, debemos considerar aspectos como la igualdad de género y las cosmovisiones de los pueblos indígenas. La programación no solo se trata de líneas de código, sino de decisiones éticas sobre qué datos usar y cómo interpretarlos.

La transformación provocada por la IA también está cambiando lo que se espera de los profesionales. Fabiola Cadima, directora de Ingeniería de Sistemas en Unifranz, afirma que esta tecnología ofrece grandes oportunidades en el campo laboral. Sin embargo, es esencial que la formación técnica vaya acompañada de habilidades críticas para evaluar y aplicar la tecnología adecuadamente en diferentes contextos.

Al final, mientras las máquinas cumplen un papel más importante en nuestra toma de decisiones, también crece la necesidad de reconocer lo que no podemos delegar: la ética, la empatía y la creatividad que son inherentes a los seres humanos. La UNESCO señala que, aunque podemos usar la IA para apoyar nuestras decisiones, la responsabilidad final siempre debe recaer en nosotros.

La vida tras los algoritmos no implica que las máquinas sean las que decidan todo. Más bien, se trata de aprender a interactuar con ellas, sabiendo cuándo seguir sus recomendaciones y cuándo es crucial tomar nuestras propias decisiones.