Explorando el aviturismo en Escoma: comunidades aymaras cuidan su hábitat
En la Península Challapata, las comunidades aymaras han desarrollado un atractivo turístico centrado en el zambullidor del Titicaca, promoviendo la conservación de su entorno mientras generan ingresos.
Ubicado a 177 kilómetros al noroeste de La Paz, el lago Titicaca ofrece múltiples formas de exploración. En Escoma, específicamente en la Península Challapata, se puede observar al zambullidor del Titicaca, conocido localmente como keñola, que se zambulle en busca de alimento. Esta ave es endémica de la región y se encuentra en peligro crítico, siendo uno de sus principales refugios este sector del lago.
Las comunidades aymaras han creado una experiencia de turismo que no solo atrae a los visitantes, sino que también promueve la conservación del lago. El recorrido incluye visitas a sitios arqueológicos como Titimani y el santuario de aves Ph’uyu Layqa, además de ofrecer talleres de tejido, gastronomía local y paseos en bote hacia la Isla Campanario.
Conexión con la naturaleza y la cultura local
Esta experiencia de dos días incluye actividades de conexión con el entorno, como el grounding, que invita a los participantes a interactuar con la naturaleza. También se realizan meditaciones y se ofrece un bufet andino, donde los alimentos se presentan sobre aguayos, en una tradición llamada apthapi.
Miguel Macuchapi, presidente de la Asociación Integral de Emprendimiento Turístico Comunitario de la Península Challapata (Astucopecha), menciona que esta organización, formada en 2014, agrupa a más de veinte familias de comunidades aymaras, como Sañuta y Sacuco. Las familias participan en distintas actividades del turismo, desde recibir visitantes hasta preparar comidas.
La oferta turística busca mantener un enfoque en grupos pequeños, con un límite de 14 personas, siendo ideales de 7 para una mejor experiencia. De esta manera, se evita el turismo masivo y se fomenta un contacto más genuino con la cultura y el entorno local.
Ph’uyu Layqa es otro de los atractivos del recorrido, un santuario de aves con 27 especies registradas, donde se puede observar al zambullidor del Titicaca así como flamencos y patos. Los guías, capacitados por ornitólogas de Conserva Aves Bolivia, comparten la importancia de la avifauna y los esfuerzos de conservación realizados por las comunidades.
El itinerario también incluye el sitio arqueológico de Titimani, un lugar con vestigios de la cultura Tiwanaku. Los visitantes pueden conocer el proceso de tejido andino de la mano de Agustina Mullisaca y su hijo, donde aprenderán a transformar lana en hilo y a usar telares tradicionales.
En el segundo día, los turistas disfrutarán de un paseo en bote hacia la Isla Campanario, donde podrán meditar en un entorno natural antes de regresar. Para las familias locales, el turismo comunitario representa una fuente de ingreso que complementa sus actividades agrícolas y ganaderas, contribuyendo a la sostenibilidad de su economía sin perjuicio de su forma de vida tradicional.