Despedida a un gran amigo y periodista: Yerko Guevara
El fallecimiento de Yerko Guevara, un periodista valiente y querido en el mundo del comercio exterior, ha dejado un vacío profundo en quienes lo conocieron.
Años atrás, conocí a Yerko Guevara, un joven periodista que rápidamente se destacó por su pasión y compromiso en el mundo de la comunicación. Con casi 40 años de experiencia en comercio exterior, tuve la fortuna de cruzarme en mi camino con él, quien se desempeñaba como gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE). Su capacidad, valentía y dedicación lo hicieron un profesional admirado por muchos.
Yerko siempre mostró una humildad inquebrantable que se mantuvo constante a lo largo de sus años de carrera, mientras se afianzaba en su profesión con un estilo único. Con una luz propia, se lanzó a realizar reportajes desafiantes, sin miedo al riesgo que implicaban. Siempre recordaré lo afortunado que fui de ser entrevistado por él en múltiples ocasiones, donde compartimos no solo inquietudes profesionales, sino también la amistad que se forjó entre nosotros.
A pesar de su alegría y su forma positiva de ser, era evidente que, bajo esa sonrisa, llevaba consigo ciertas cargas. Cultivamos una amistad sincera en la que oré por él, como él mismo me pidió, buscando su bienestar tanto personal como profesional. Nuestras charlas quedarán grabadas en la memoria, así como las anécdotas que compartimos, especialmente cuando me recordaba que un buen comunicador no necesitaba extenderse en sus mensajes, y su frase icónica: “Chocó, volcó, murió”.
La tristeza me invadió al enterarme de su repentino fallecimiento. Era difícil de creer, sobre todo porque unas horas antes habíamos estado hablando. A sus 48 años, aún tenía tanto por vivir y lograr. La comunidad periodística se unió para expresar su dolor y asombro ante la pérdida de un hombre que había conquistado el respeto y cariño de todos.
Reflexionando sobre su partida, mi esposa Jannet y yo coincidimos en que su deceso es parte de un plan divino. A veces, la vida nos quita a quienes más amamos sin previo aviso, y queda el vacío que deja su ausencia. El 22 de julio de 2026 marcó el final de la voz de Yerko, pero su legado perdurará en quienes tuvimos el privilegio de conocerlo.
La pérdida de un amigo nos recuerda lo frágil que es la vida. Aunque sabemos que han pasado a un mejor lugar, la tristeza nos invade por el tiempo que ya no podremos compartir. Siempre quedará esa sensación de querer decirle cosas sencillas, como “gracias” o “te necesito”. Su ausencia nos invita a valorar cada instante y a recordar que, en la vida, cada despedida puede ser la última, y que debemos aprovechar cada momento para hacer las paces con quienes nos rodean.