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sábado 12 de septiembre de 2026

Política

Crisis y coherencia: el desafío del gobierno boliviano

En medio de una profunda crisis, la coherencia en la gestión pública se convierte en un factor clave para la gobernabilidad en Bolivia.

Por Ximena Delgadillo · 18 de agosto de 2026

Bolivia se encuentra en un momento de reconfiguración política, económica e institucional, impulsada por la necesidad de enfrentar una crisis significativa. Este contexto plantea la búsqueda de explicaciones que suelen centrarse en la economía, la conflictividad social y la lucha por el poder.

Sin embargo, hay un aspecto menos visible pero crucial: la coherencia en la gestión pública. Cuando hay una desconexión entre lo que se dice, se decide y lo que realmente se lleva a cabo, el poder pierde su rumbo, generando desconfianza en la ciudadanía y debilitando la gobernabilidad.

¿Qué es la coherencia en la gestión?

La coherencia implica que haya una relación directa entre lo que se piensa, se habla y se hace. En el ámbito político, no basta con anunciar cambios; es esencial contar con los recursos y capacidades necesarios para convertir esas palabras en acciones efectivas. Mientras el discurso puede atraer a la gente, son los resultados los que realmente cuentan.

La administración de Rodrigo Paz Pereira ilustra esta tensión. El Gobierno ha priorizado la austeridad, anunciando una reducción del 30% en el gasto público y un recorte del 50% en los salarios del presidente y sus ministros, como un compromiso ante la crisis.

Sin embargo, también ha enfrentado retos en la implementación de estas medidas y el propio presidente ha reconocido errores, pidiendo disculpas. Este acto de autocrítica es positivo, pero el verdadero reto es transformar esa reflexión en acciones correctivas que generen resultados concretos.

El problema principal radica en que la coherencia no solo se mide por la intención de gobernar eficientemente, sino también por la habilidad de conectar decisiones, instituciones y resultados. El Gobierno argumenta que heredó una economía en crisis, marcada por la escasez de combustibles y reservas internacionales limitadas, y presenta sus primeras acciones como parte de un plan de estabilización.

La ciudadanía no solo evalúa el diagnóstico de problemas, sino que también juzga al poder según la efectividad de sus respuestas. Michael J. Sodaro define el poder como la capacidad de alcanzar metas y manejar conflictos dentro de un marco institucional, lo que destaca la necesidad de que el gobierno use su autoridad para implementar políticas públicas efectivas.

Un gobierno que envía mensajes contradictorios o que no logra coordinar sus decisiones genera incertidumbre en la sociedad. Rectificar no es un signo de debilidad, sino de prudencia, siempre que se haga tras una evaluación objetiva. Lo preocupante es cuando la rectificación se convierte en un ciclo de improvisación sin un rumbo claro, lo que puede llevar a una gestión que reacciona ante la crisis, en lugar de conducirla.

Para gobernar con coherencia, es fundamental que el discurso, las decisiones, los recursos y los resultados estén alineados. Bolivia necesita un gobierno que actúe con una dirección estratégica clara, reconozca sus fallas y adopte correcciones sin desviarse de su camino. La autoridad se fortalece al enfrentar con transparencia y responsabilidad las dificultades, convirtiendo la coherencia en un pilar de la gobernabilidad.