Aprendizaje continuo: el gran desafío de las universidades
La educación superior en América Latina se enfrenta a la necesidad de innovar en su enfoque educativo, promoviendo el aprendizaje permanente como una clave para el futuro laboral.
La educación universitaria en América Latina está atravesando un momento crítico que trasciende la simple actualización de planes de estudio o la incorporación de tecnología. El verdadero reto radica en aceptar que el aprendizaje debe ser un proceso continuo que acompañe a las personas a lo largo de toda su carrera profesional.
Esta perspectiva fue discutida en el panel titulado "Life Long Learning en América Latina: ¿Está realmente preparado el ecosistema educativo?", que formó parte del VII Foro Internacional de Innovación Educativa (FIIE) 2026, organizado por la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).
Constanza Dietrich, directora de Educación Continua de la Universidad Católica de Salta y presidenta de la Red de Educación Continua de Latinoamérica y Europa (RECLA), destacó que el aprendizaje a lo largo de la vida ha pasado de ser una tendencia a convertirse en una necesidad estructural para la región. "El aprendizaje a lo largo de la vida ya no es una opción, sino una necesidad imperiosa para nuestra realidad y para el mundo que estamos atravesando", expresó durante el evento.
La especialista subrayó que América Latina enfrenta desafíos únicos que hacen indispensable un modelo de formación continua. La creciente desigualdad social y la precariedad laboral, sumadas a la rápida transformación tecnológica impulsada por la inteligencia artificial, están cambiando las habilidades que las empresas requieren. "Se presentarán nuevos empleos, y también será necesaria la reconversión de los empleos existentes", indicó.
Dietrich también enfatizó que hoy en día, el mercado laboral no solo exige conocimientos técnicos, sino que cada vez se valoran más las competencias blandas y las habilidades digitales. Esta combinación hace que el aprendizaje continuo sea fundamental.
A pesar de que muchas universidades hablan sobre el aprendizaje permanente, la realidad es que no todas lo han integrado de manera efectiva dentro de su modelo institucional. "Las universidades están parcialmente preparadas. Reconocen en teoría la importancia del aprendizaje permanente, pero no lo han incorporado como un modelo real", resaltó.
Según la académica, es un error considerar la educación continua como un simple conjunto de cursos aislados. Se requiere una transformación profunda en el interior de las instituciones, que debe reflejarse en su misión y estrategias. También es crucial flexibilizar las trayectorias académicas y reconocer aprendizajes adquiridos fuera del aula.
Dietrich subrayó que la universidad del futuro debe adaptarse a un nuevo perfil de estudiantes, que ya no son solo jóvenes de 18 a 25 años, sino adultos con diferentes responsabilidades. Esto implica desarrollar métodos pedagógicos adecuados para la educación de adultos, centrados en el aprendizaje situado y el acompañamiento.
En el cierre del panel, Dietrich insistió en la importancia de crear un ecosistema educativo colaborativo. Según ella, no habrá una universidad que pueda enfrentar sola los cambios del mercado laboral. Es esencial trabajar en conjunto con empresas, gobiernos y otras instituciones educativas para responder adecuadamente a las transformaciones tecnológicas y laborales.
Por último, Dietrich planteó que para consolidar una política de aprendizaje permanente, es fundamental que todos los actores del ecosistema educativo se comprometan. Las universidades deben dejar atrás la lógica de oferta fragmentada y pasar a un enfoque más integral. Las empresas también deben ver la formación continua como una inversión y facilitar recursos para que sus empleados se capaciten. Además, el Estado debe crear regulaciones que apoyen esta transformación y promuevan la colaboración entre universidades y el sector privado.
Las conclusiones del FIIE 2026 evidencian que el aprendizaje a lo largo de la vida ya no puede considerarse un servicio adicional de las universidades. La rápida evolución de las tecnologías y las demandas laborales requieren un nuevo modelo de educación superior que permita a las personas acceder a la formación durante toda su vida, diseñando trayectorias flexibles y reconociendo aprendizajes diversos.