Saltar al contenido

viernes 11 de septiembre de 2026

Política

El 50/50: ¿Sueño cumplido o promesa vacía?

Por Andrea Claros · 29 de julio de 2026

En la campaña presidencial, uno de los compromisos más sonados del actual presidente fue la implementación inmediata del plan 50/50, donde se prometía redistribuir los ingresos del Estado dividiendo en mitades lo recaudado: 50% para el gobierno central y 50% para las regiones. Esta propuesta generó grandes expectativas, y muchos creyeron que significaría un cambio radical en la forma en que Bolivia administra sus recursos.

Sin embargo, la realidad ha demostrado que este plan no es tan simple como un decreto. A inicios de 2026, la entonces viceministra de Autonomías, Andrea Barrientos, ya había señalado la complejidad de la implementación, sugiriendo que podría tardar hasta diez años. A pesar de esto, el tema volvió a ser mencionado por el presidente Paz en marzo, destacando la necesidad de un nuevo Estado para llevar a cabo la propuesta.

La inquietud ahora no es solo la viabilidad del 50/50, sino la eficacia de convertir consignas políticas en realidad. La historia ha mostrado que las transformaciones profundas requieren más que promesas; necesitan consensos, estudios y una visión compartida sobre el país que se desea construir. Pero en Bolivia, se sigue cayendo en la trampa de las promesas electorales, alejando el debate de lo que realmente importa.

El país ya cuenta con un marco constitucional que establece un sistema de autonomías desde 2009, pero su implementación ha sido deficiente. La centralización del poder sigue siendo un problema, lo que limita la capacidad de las regiones para ejercer sus competencias. En lugar de enfocarse en cómo hacer funcionar el modelo de autonomía existente, el debate se ha centrado en la distribución de recursos, olvidando la necesidad de una estructura estatal que realmente funcione.

A medida que avanza la gestión actual, las promesas del 50/50 parecen más un eco de la campaña que una propuesta seria. Con el gobierno enfrentando un panorama económico complicado y falta de claridad sobre cómo se llevaría a cabo esta redistribución, surge la pregunta: ¿es este realmente el camino hacia una Bolivia más equitativa o simplemente un sueño que se desvanece en la realidad?

Mientras tanto, el desafío para el país es mucho más grande que un simple porcentaje. Se trata de definir qué modelo de Estado se quiere para el futuro, cómo se fortalecerán los gobiernos locales y cómo se garantizará un desarrollo equilibrado en todo el territorio. La falta de una discusión profunda sobre estos temas solo perpetúa la confusión y la frustración entre los ciudadanos.

Bolivia necesita una conversación seria sobre su futuro, no solo sobre un decreto, sino sobre el tipo de Estado que desea construir para las próximas generaciones. Sin una visión unificada, seguirán confundiéndose promesas electorales con cambios verdaderos en la estructura del país.