Tarija festeja 200 años de su unión a Bolivia
La ciudad de Tarija, conocida por su rica cultura y vinos, se prepara para celebrar el bicentenario de su adhesión a Bolivia con un gran evento el 19 de noviembre.
Tarija, ubicada en el sur de Bolivia, tiene una historia fascinante marcada por su exploración de identidades. En 1826, sus habitantes decidieron unirse a Bolivia, un año después de la fundación del país, en medio de un contexto de tensiones y decisiones políticas.
El dilema de ser parte de Bolivia o de la Intendencia de Salta, que luego se convertiría en Argentina, fue resuelto en un cabildo abierto en 1826. Entre los aspectos que motivaron esta decisión estuvo la actividad comercial entre Tarija y el Cerro Rico de Potosí, que impulsó su integración al nuevo país.
Un legado de historia y comercio
La relación comercial entre Tarija y Potosí fue crucial. Desde la región salían mulas cargadas de plata hacia los puertos del Callao, además de intercambiar productos con Santa Cruz, como sal y singani. Esto creó un interés por formar parte de un estado que garantizara estos vínculos comerciales.
El alcalde Johnny Torres explicó que Tarija no fue parte de Bolivia desde el inicio, sino que se unió formalmente el 19 de noviembre de 1826. Según su relato, la historia de esta adhesión ha sido interpretada de diversas formas, incluyendo versiones que consideran el proceso como un acto de imposición.
"Nosotros derrotamos al ejército español el 15 de abril de 1817. Éramos casi un país (una republiqueta), después fuimos parte de una provincia argentina y finalmente nos anexamos a Bolivia, el 19 de noviembre de 1826”, mencionó Torres en una entrevista.
A partir del 1 de octubre, Tarija ha iniciado una serie de actividades para celebrar su bicentenario, que incluyen talleres, exposiciones y presentaciones literarias. El evento central está programado para el 19 de noviembre, con la presencia del presidente Rodrigo Paz y otras autoridades.
Este año no solo se conmemoran dos siglos de historia, sino que también se celebra la fortaleza del pueblo tarijeño en su deseo de pertenecer a Bolivia, un legado que sigue vivo en la identidad y tradiciones de la región.