Descubren una "autopista arbórea" en la Chiquitania boliviana
Un estudio pionero revela la sorprendente biodiversidad en las copas de los árboles del Bosque Seco Chiquitano, donde habitan especies poco conocidas.
El Bosque Seco Chiquitano, conocido por su biodiversidad, muestra una realidad inesperada a 20 metros de altura. Las copas de los árboles se convierten en auténticas "autopistas aéreas" donde transitan animales que hasta ahora han sido poco investigados por la ciencia.
La bióloga Kathrin Barboza, quien lidera el estudio, relata su experiencia al instalar cámaras trampa en estos altos estratos. Uno de los hallazgos más emocionantes fue la carachupita de cola lanuda (Glironia venusta), un marsupial catalogado como Casi Amenazado y del que había escasa información previa.
Este análisis forma parte del proyecto llamado "Mamíferos de dosel en el Bosque Seco Chiquitano de Bolivia", el primero en su tipo en el país. La investigación se llevó a cabo en un período de tres meses, desde enero hasta marzo de 2023, y tuvo como objetivo descubrir qué especies habitan en el dosel del bosque, un área que había estado prácticamente inexplorada por los científicos.
El equipo, compuesto por Barboza, Luis Acosta y Nicolás Malpartida, utilizó 12 cámaras trampa colocadas entre 4 y 20 metros de altura. Después de revisar más de 12,000 fotos y 4,630 videos, identificaron 11 especies de mamíferos que hacen vida en este ecosistema, incluyendo la mencionada carachupita de cola lanuda.
Hallazgos sorprendentes en la investigación
Entre las especies documentadas se encuentran el mono michi, el cusumbo, dos tipos de ardillas y un roedor arborícola. También se hallaron tres primates, como el manechi negro (Alouatta caraya) y el mono león (Mico melanurus), cuya existencia está amenazada por la deforestación.
Los investigadores resaltan que muchos de estos marsupiales son vitales para el ecosistema, actuando como polinizadores y dispersores de semillas. La carachupita, en particular, es fundamental para mantener la conectividad entre los árboles, lo que le permite moverse y alimentarse en su hábitat.
La investigación comenzó a finales de 2022 gracias a una convocatoria de la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano, la cual buscaba financiar estudios que ayudaran a comprender la recuperación del bosque tras los incendios forestales de 2019. Barboza y Acosta decidieron enfocar su trabajo en el dosel, un lugar que había sido descuidado por otros investigadores.
Este enfoque inédito se dio a pesar de los retos que implicaba trabajar a gran altura. Antes de iniciar, el equipo tuvo que capacitarse en escalada para asegurar su seguridad al realizar el trabajo en las copas de los árboles, donde la vida silvestre oculta guarda misterios aún por descubrir.