El mono araña, en peligro y en la mira del tráfico ilegal en Bolivia
El mono araña ha sido reclasificado como especie en peligro en Bolivia, mientras que el tráfico de sus crías sigue causando estragos en su población.
El mono araña, también conocido como marimono (Ateles chamek), ahora figura como "En Peligro" en el Libro Rojo de los Vertebrados de Bolivia, tras haber estado catalogado como "Vulnerable" desde 1996. Esto refleja un panorama alarmante para esta especie, que enfrenta un drástico descenso en sus números debido a diversas amenazas.
Recientemente, dos crías de mono araña fueron rescatadas en el refugio Senda Verde, ubicado en Coroico, La Paz. Las jóvenes primates fueron recuperadas en distintas ocasiones, y suman cuatro en total en menos de diez días, siendo víctimas del tráfico ilegal, que está penado bajo la Ley de Medio Ambiente (1133) y el Decreto Supremo 4489, que protege a la fauna silvestre.
El marimono ha sufrido una disminución de más del 50% de su población en los últimos 45 años, según el nuevo Libro Rojo. Las principales amenazas para su existencia incluyen la destrucción de su hábitat, provocado por incendios, deforestación, minería y expansión agrícola, así como la caza y el mascotismo.
Rescates que evidencian el problema del tráfico
Uno de los rescates más recientes ocurrió en El Alto, donde una cría de menos de tres meses fue hallada abandonada en condiciones extremas. Además, el refugio recibió otra monita aún más pequeña, entregada por un guardaparque. Estos casos resaltan la preocupante situación del tráfico ilegal de fauna en el país.
Rescatamos una bebé más, más pequeña aún, y tenemos denuncias en Rurrenabaque y San Ignacio de Moxos. Están acabando con los monos araña”, declaró Vicky Ossio, cofundadora de Senda Verde.
Ossio también mencionó el tráfico de monos capuchinos, lo que indica que las redes de comercio ilegal siguen operando. Muchos guías de turismo han notado la escasez de marimono en áreas donde antes eran comunes, lo que refleja el deterioro dramático de su población.
El mascotismo se identifica como una de las mayores amenazas, pues para capturar una cría, usualmente se mata a la madre. Cada mono araña que se comercializa representa la muerte de al menos un adulto. A pesar de los esfuerzos por proteger a la especie, la cacería para consumo y el tráfico continúan siendo desafíos críticos en la conservación del marimono en Bolivia.