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viernes 11 de septiembre de 2026

Cultura

La fe en la Virgen de Urkupiña se conecta con el corazón de miles

Cada agosto, la devoción a la Virgen de Urkupiña atrae a miles de peregrinos a Quillacollo, donde la espiritualidad se encuentra con la tradición y la esperanza.

Por Mauricio Antezana · 9 de agosto de 2026

La festividad de la Virgen de Urkupiña se ha convertido en un evento ineludible en Bolivia, donde cada 14, 15 y 16 de agosto, miles de fieles se desplazan hacia el cerro de Cota en Quillacollo. Durante el mes, el santuario recibe visitantes no solo de Cochabamba, sino también de otras partes del país y del extranjero, todos ellos con la intención de rendir homenaje a esta venerada figura.

Según la leyenda local, a fines del siglo XVIII, una niña pastora tuvo un encuentro con una mujer y su hijo en el cerro, quienes se convertirían en la Virgen María y el Niño Jesús. Al ver a la Virgen ascender al cielo, la niña proclamó en quechua "Jaqaypiña urkupiña", que significa "ya está en el cerro", dando origen al nombre con el que se la conoce hoy.

La festividad ha tomado una relevancia tal que, desde este año, el 14 de agosto ha sido declarado feriado departamental, lo que significa que tanto las actividades públicas como privadas se suspenden para permitir a los ciudadanos participar de esta celebración. Además, la festividad fue reconocida como Patrimonio Cultural de Bolivia en 2003, asegurando la preservación de sus tradiciones.

Más allá de las danzas y el comercio, la festividad representa una profunda expresión de fe para muchos. Los asistentes llegan para agradecer a la Virgen por los favores recibidos y para cumplir promesas, como un padre que busca un trabajo o una pareja que desea un hogar. Estas historias de devoción se entrelazan con la esperanza y la fe de los peregrinos, reflejando la importancia de la Virgen en sus vidas.

Uno de los momentos más destacados es la peregrinación al cerro de Cota, conocida como el Calvario. En este trayecto, muchos llevan consigo un martillo para extraer piedras del cerro, que simbolizan los deseos que esperan cumplir a lo largo del año. Las piedras se convierten en un tipo de “préstamo” que regresan al siguiente año como una muestra de gratitud.

Además, en el Calvario se pueden encontrar las alasitas, pequeñas miniaturas que representan los sueños de los devotos, desde casas hasta vehículos. Estas miniaturas son llevadas ante la Virgen para ser bendecidas, uniendo así el catolicismo con las tradiciones ancestrales andinas en un acto de fe y esperanza.

La fiesta de la Virgen de Urkupiña no solo se presenta como un evento religioso, sino como una experiencia que reúne a familias y comunidades en torno a la fe, la tradición y el deseo de un futuro mejor.