David Toscana triunfa en el Premio Alfaguara con su obra “El ejército ciego”
El escritor David Toscana se llevó el reconocimiento del Premio Alfaguara 2026 por su novela “El ejército ciego”, que explora la ceguera desde una perspectiva histórica y militar.
La obra de Toscana aborda la ceguera no solo como una condición individual o una metáfora social, sino como una experiencia colectiva y militar. A través de la historia de soldados búlgaros a quienes el emperador Basilio ordenó cegar tras su derrota en 1014, el autor construye una épica de los marginados, transformando este brutal castigo en una táctica de resistencia.
A partir de este hecho, el autor despliega episodios que retratan la vida de los sobrevivientes y su reinvención en un nuevo contexto. Los ciegos, lejos de ser víctimas pasivas, se convierten en un ejército capaz de combatir en la oscuridad, utilizando otros sentidos para orientarse y adaptarse a su nueva realidad. Esta ceguera se convierte en una herramienta de resistencia y estrategia, permitiendo a los personajes aprender a escuchar, sentir y actuar de maneras que trascienden lo visual.
El protagonista, Kozaro, es un escriba ciego que se convierte en el hilo conductor de la narrativa. Su papel trasciende el de un mero observador, ya que se encarga de rescatar y narrar historias que el poder no puede permitir que existan. Kozaro se enfrenta a la cuestión de quién tiene la autoridad para contar la historia y, en su escritura, desafía la narrativa oficial que ignora la valentía de los ciegos en el campo de batalla.
Junto a Kozaro, la novela presenta una rica variedad de personajes que enriquecen el relato. Desde Gavril Radomir, quien lidera la reconversión militar, hasta maese Zósimo, el cruel maestro de la mutilación, estas figuras aportan profundidad y complejidad a la trama. Toscana no se detiene en los héroes individuales, sino que pinta un retrato coral del sufrimiento y la resistencia de un grupo que se enfrenta a la adversidad.
La estructura de “El ejército ciego” es igualmente innovadora, compuesta por fragmentos que oscilan entre la acción bélica y momentos introspectivos, creando un ecosistema narrativo que mantiene la tensión constante. Cada desvío narrativo enriquece la trama, reforzando la idea central de que la ceguera no significa la pérdida de experiencia, sino una redistribución de cómo se vive y se percibe el mundo.
David Toscana, con su prosa que alterna entre lo épico y lo grotesco, logra así un equilibrio único que convierte la violencia en un recurso narrativo poderoso. En sus páginas, resuena una crítica a la historia oficial y una celebración de las historias olvidadas, reafirmando la importancia de la memoria colectiva en la construcción del relato histórico.