¿Estamos viviendo un verdadero cambio de ciclo?
Tras la salida del MAS, la sensación de cambio se ha desvanecido, dejando una creciente frustración entre la población. Es momento de reflexionar sobre lo que realmente significa un cambio en el contexto actual.
La percepción de que estamos atravesando una etapa transformadora luego del MAS ha sido reemplazada por un sentimiento de insatisfacción. A medida que pasan los días, se hace más evidente la idea de que el Gobierno actual no está ofreciendo nada novedoso, lo que provoca un deseo urgente de definir qué entendemos por "cambio" y qué significa realmente el "fin de ciclo".
El concepto de "fin de ciclo" se refiere al desgaste de un conjunto de acciones en diversas áreas, desde lo práctico hasta lo ideológico, que buscan transformar la realidad en múltiples dimensiones. Esto implica que un fin de ciclo debería significar una revolución auténtica en el sentido más amplio.
Sin embargo, se pueden implementar muchos cambios en un Estado y, aun así, no se logra concluir un ciclo. La historia nacional nos muestra que el verdadero fin de un ciclo se vivió en momentos clave, como con la independencia de Bolivia y la creación de la república, así como la Revolución Nacional de 1952, la cual modernizó al país y lo llevó hacia el siglo XX.
Por lo tanto, aunque se presenten múltiples transformaciones, si no hay una alteración significativa en el rumbo histórico y una mejora notable en la calidad de vida de los ciudadanos, no podemos hablar de un cambio de ciclo, sino más bien de un gobierno con intenciones transformadoras.
Un cambio de ciclo implica no solo cambios en las acciones del Estado, sino también la reconfiguración de los elementos que constituyen la vida social, económica y cultural. Asimismo, es crucial identificar quiénes son los nuevos interlocutores en esta etapa. En el ciclo anterior, los sectores populares y campesinos representaron a los validos, mientras que ahora, los ciudadanos de clase media y emprendedores parecen ser los protagonistas.
El masismo había establecido un Estado que respondía a un interlocutor histórico definido por la raza, lo que llevó a un experimento plurinacional que no logró reemplazar efectivamente el ciclo nacionalista revolucionario. Esto plantea la interrogante sobre si el actual Gobierno está realmente interesado en construir un nuevo ciclo o si se ha quedado atrapado en cambios que no impactan la historia de manera significativa.
Es necesario reflexionar sobre si el Gobierno está manejando adecuadamente este proceso de transición entre un ciclo que se ha agotado y la creación de uno nuevo. ¿Sabe realmente hacia dónde se dirige? ¿Está considerando a los nuevos actores en esta construcción? La falta de claridad en estas cuestiones deja la sensación de que las acciones gubernamentales son impredecibles y, en algunos casos, erráticas.